Exposición en Málaga: ¡Qué vivos estábamos!

¡qué vivos estabamos!

retrospectiva fotográfica del

monopatín en málaga de paco nuñez

 

Toda fotografía es una manera de burlar la tiranía del paso del tiempo y de tratar de congelar el pasado como si aún estuviese vivo. Ello convierte al fotógrafo en una especie de taxidermista del tiempo. Gracias a la exposición “Qué Vivos Estábamos” podemos realizar un recorrido veloz pero preciso a través de la historia del skateboard en Málaga desde principios de los años 80 hasta el momento presente. Nos encontramos ante fotografías con una impresionante fuerza narrativa.

Hay una historia agazapada detrás de cada instantánea, una historia que uno casi puede oír si aguza el oído ya que el poder evocador de las imágenes es uno de los rasgos más destacables de esta exposición. Estas instantáneas poseen una carga emocional indiscutible y constituyen no solamente un testimonio sino también un reclamo. La mayoría de ellas se hicieron con la intención desenfadada de quien quiere inmortalizar un momento de felicidad pero, ahora, contempladas desde nuestros días y a tenor del modo vertiginoso en que están cambiando las cosas alrededor del mundo del monopatín, constituyen un documento de enorme valor.

Esta exposición es algo así como una especie de altavoz a través del cual pueden oírse las voces de todos aquellos que, de alguna manera, han estado involucrados en el mundo del skateboard sin que desde ciertos sectores jamás se les haya tenido demasiado en cuenta. Pero estas fotografías se encargan de contarlo todo con una fuerza similar a la de la garganta agria del cantante de Circle Jerks. Los skaters llevan dándole caña durante todo este tiempo y ya va siendo hora de que todo el mundo se entere.

Esta exposición se convierte en la prueba irrefutable de que el skateboard en esta ciudad es un deporte consolidado que, a lo largo de todos estos años, siempre ha contado con un número considerable de adeptos. Algunos se marcharon y otros tomaron el relevo; también hay muchos que han estado siempre al pié del cañón. En cualquier caso, nunca ha dejado de sonar en las calles de la Costa del Sol esa melodía inconfundible que resulta del contacto de las ruedas con el asfalto, de los ejes contra los bordillos y las barandillas.

Esta retrospectiva fotográfica también servirá como lugar de reencuentro, como excusa para que todos nos veamos las caras como cuando nos juntábamos en la Plaza De La Merced y en el Half Pipe de Juvensur o más tarde en La Plaza De La Marina y en La PLN. 

En definitiva, todos, los de todos los tiempos, hayamos coincidido o no en los mencionados spots, tenemos algo muy importante en común: una ciudad y el hecho de estar marcados por un deporte.

Por otra parte, cada vez son más los que vuelven lo cual es una clara muestra de que el skateboard es algo más que un deporte, es algo que, si alguna vez ha estado verdaderamente dentro de ti, nunca se marcha del todo; puede echarse una siesta larga, una siesta de oso gigante que puede durar incluso varios inviernos pero, cuando menos lo esperes el más mínimo ruido en forma de viejo amigo o de vídeo o de simple necesidad de volver a experimentar ciertas cosas de antes, puede despertarlo de su inquieto y rebelde letargo.

Lo que está claro es que nunca dejas de patinar aún no montándote en ninguna tabla. Continuas patinando con la cabeza. Continúas patinando y bajando cuestas encima de una máquina de escribir o montado sobre una guitarra eléctrica, pero sigues involucrando el patín en todo lo que haces. Nadie puede comerse el corazón de un skater y nadie puede bajarle el volumen a un monopatín porque ningún monopatín es mudo y ningún monopatín es invisible. El skateboard siempre será fuerte porque es como un hombre que se ha hecho a sí mismo. El skateboard en esta ciudad, como en cualquier otra ciudad del mundo, nació en las calles.

Se trataba de un chico huérfano que hace más de dos décadas daba ya sus primeros tumbos traviesos y solitarios por el malagueño Paseo del Parque. Ha andado siempre perdido por toda la ciudad e incluso por todos los pueblos así que se conoce todas las jodidas calles de memoria. Esta ciudad no es menos suya que de nadie y por ese mismo motivo nadie podría echarle o tratar de coartarle dentro de la misma sin esperar alguna clase de respuesta rebelde. El chico huérfano ha crecido en las calles bajo un sol de justicia y también bajo las estrellas y ha sabido ingeniárselas para sobrevivir hasta nuestros días.

Cada vez hay más gente que le conoce y le admira. El chico huérfano se está convirtiendo en un hombre de provecho. En definitiva, el skateboard siempre ha estado ahí durante todos estos años y, con esta exposición, estamos haciendo algo así como celebrar de golpe todos sus jodidos cumpleaños. Fotografías que cuentan historias. Fotografías que disparan canciones y vivencias en nuestro pecho. La bonita historia del chico misterioso e imparable. Y ahí están todos esos críticos de prestigio hablando en los últimos tiempos de Cervantes y de su obra maestra pero en lo que ninguno ha reparado ha sido en el hecho de que Rocinante era el monopatín de Don Quijote.    

¡Si esta exposición no te vuelve loco es porque, sin lugar a dudas, ya lo estás!

 

Texto_ Francisco Daniel Medina

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